A raíz del movimiento antirracista, conocido como Black Lives Matter, el sector moda ha vuelto a ver cómo se sacuden sus cimientos y debe afrontar una nueva visión realista y honesta de cara al futuro.

El pasado mes de mayo se desataban las protestas, a raíz de la muerte del ciudadano afroamericano George Floyd a manos del agente de policía Derek Chauvin, en Minneapolis. Una muestra más de la brutalidad policial que se ejerce sobre la población, mayoritariamente de color. Exponiendo así lo establecido que se encuentra el racismo en la vida cotidiana y los pocos avances reales que se han implementado con el paso de los años. El movimiento antirracista Black Lives Matter nació en 2012 tras el asesinato de Trayvon Martin, un joven de 17 años que se encontraba en el estado de Florida visitando a un familiar junto a su padre cuando, fatídicamente, un vigilante privado llamado George Zimmerman le disparó sin dilación tras recibir una llamada de un vecino alertando sobre la existencia de “un sospechoso merodeando por el barrio”. Pocos días después, tras la muerte de Floyd, las protestas se extendieron por más de 200 ciudades de Estados Unidos, traspasando fronteras y llegando a ciudades de Reino Unido. Europa, Asia, Australia y Nueva Zelanda. El movimiento BLM ha puesto el foco en el racismo sistemático que recae sobre la gente de color, quienes confrontan estereotipos y presunciones en la mayoría de escenarios, desde el trabajo, eventos sociales incluso en el entorno virtual. 

Tres niños protestan por su propia seguridad en Míchigan. Fotografiados por Phil Eich.

El mundo de la moda no se queda atrás, varios empleados de color, entre ellos: modelos, diseñadores, redactores y trabajadores del sector retail, han reunido el coraje suficiente para hablar y, en consecuencia, reportar los abusos y las conductas racistas a las que se enfrentan diariamente. Perpetradas tanto por clientes, compañeros, managers y directivos. Exponiendo de esta manera sus menesterosas condiciones laborales, basadas en amenazas, un acoso incesable y discriminación sistemática. Tras estas acusaciones, varias marcas y compañías han publicado unas subsecuentes declaraciones y disculpas en sus redes sociales, comprometiéndose a cambiar dichas practicas y abolir la discriminación racial. Algo que ya hemos visto con anterioridad, en más de una ocasión,  y que sigue siendo tan solo una promesa de transformación inocua. 

Por lo tanto, se lanza al aire una pregunta generalizada: ¿es importante que las marcas entren en el debate y la discusión política? La respuesta es sí, es sumamente importante que lo hagan. Las personas que se encuentran en situaciones de poder e influencia, debido a su cargo, tienen el deber de alzar la voz y dar visibilidad a aquellas personas o colectivos que no son apropiadamente escuchados y representados. 

Las modelos del momento, Anok Yai y Adut Akech fotografiadas por Ethan James Green.

Las marcas de moda y sus respectivas compañías trabajan con las necesidades primarias de sus clientes, representadas en esencia por la necesidad de vestirse y cubrirse. Además, conforman una de las mayores aspiraciones en la escala social: la ropa como representación externa del yo (status, individualidad, estado anímico…). La moda representa en su conjunto el sumun de la necesidad y el deseo más capitalista. Si analizamos el papel de la moda a lo largo de la historia, hablamos de un sector de gran impacto cultural, sociológico, económico, psicológico y político por naturaleza. Una vez cubiertas las necesidades básicas, la moda pasa a formar una parte inequívoca de la concepción social y su estructura. Siendo una herramienta fundamental en los grandes cambios, y su posterior interpretación, que nos han llevado hasta nuestro presente. 

Nos encontramos continuamente exigiéndole a la moda que transforme el mundo mediante la inclusión de la diversidad de razas, cuerpos, tallas y las múltiples diferencias culturales. Requerimos sin ponderación una sostenibilidad radical, difícilmente alcanzable a poco años vista, pero al final del día, relegamos a la industria considerándola como solamente “ropa”. 

“Les fous inventent les modes, les sages les suivent.” (Los necios crean la moda, los sabios la siguen.) − Proverbio francés. 

Con la aparición y desmedido avance de las redes sociales, la competitividad entre firmas está a la orden del día. La masiva producción de prendas, la creación depostsy campañas originales, simultáneamente con la  presión por la concepción y pronta ejecución de nuevas ideas no descansa. Es por eso que las marcas, incluso las de más alto prestigio, deben competir ininterrumpidamente por abrirse un hueco y no caer en el olvido en una época repleta de alternativas y gobernada por la obsolescencia programada. 

Con más razón, el hecho de mantener un estricto silencio durante los actos de alzamiento social y sus protestas resultantes, representa una total declaración de intenciones, centradas únicamente en un motivo económico, apartando así el componente social y desechando todas las connotaciones culturales y políticas inherentes en la industria de la que forman parte. Lanzando así, una consigna contraproducente para sus consumidores, tanto reales como potenciales, quienes constituyen el eje central de sus ingresos. Entonces, ¿basta con un mensaje en las redes sociales?

La marca italiana Fendi se postula como una de las pasarelas más inclusivas y diversas de la semana de la moda de Milán.

Las redes sociales pueden llegar a ser un buen instrumento a través del cuál amplificar un mensaje, pero no debemos descuidar que se trata de un arma de doble filo. En términos comunicativos, un mensaje claro y conciso debe estar acompañado de unas medidas concretas y efectivas: donaciones, cambios en la política y las prácticas de la empresa, etc. Si dichos cambios no se aplican gradualmente, el mensaje no se implementa y este acaba tergiversándose, fracturando la confianza de sus seguidores, en un período en que cualquier acto y palabra son medidos al milímetro y cada fallo se convierte en una chispa que prende el escarnio publico. 

En conclusión, es primordial comprender que la moda juega un papel elemental en el desarrollo de la historia. Por muy frívola que pueda resultar su impresión más inmediata. Gracias a esta industria, somos capaces de comprender nuestro pasado y gozamos de ciertos derechos y libertades propiciadas por la concepción de históricos e influyentes diseñadores de moda. Confiar en la industria como herramienta combativa no solo es convenientemente, si no esencial. 

Words Adriana Barreno