Con el estreno de la tercera y última temporada de la producción italiana, exploramos las claves de esta serie basada en hechos reales.

Cuando se estrenó en 2018 la primera temporada de la serie italiana producida por Netflix y protagonizada por Benedetta Porcaroli y Alice Pagani, el Centro Nacional de Explotación Sexual (NCOSE) solicitó la suspensión inmediata de su lanzamiento. 

Y es que la serie se basa en una historia real sucedida en 2013 y conocida como Baby Squillo, un escándalo de prostitución infantil con el epicentro en dos adolescentes de Roma, cuyos nombres reales nunca fueron revelados y se las conoce como Agnese y Angela, de 14 y 15 años respectivamente. Ambas accedieron a la prostitución después de buscar en internet “cómo ganar dinero fácil”. Al entrar en uno de los anuncios, contactaron con un proxeneta llamado Mirko Leni, quien junto a Nunzio Pizcalla, un oficial del ejercito, establecieron un apartamento en Viale dei Parioli, donde las chicas acudían para ser explotadas tras la finalización de sus clases en el colegio. De acuerdo con la ley italiana, es ilegal mantener relaciones con menores de 18 años por lo que sus clientes eran plenamente conscientes de lo que hacían. Durante el juicio, se destapó una red de prostitución en la que se hallaban involucradas las élites italianas, desde políticos, policías, empresarios e incluso personal de la ONU. Otra de las implicadas, la madre de Agnese, llegó a coaccionar a su hija para que “trabajase”, por lo que fue acusada de instigación a la prostitución infantil y posteriormente condenada a 6 años de cárcel. 

Simonetta (Isabella Ferrari) junto a su hija, en la ficción, Ludovica (Alice Pagani).

La serie Baby, creada por Fabula Pictures, es una interpretación ficticia de los hechos, resultando una crítica de cómo la sociedad italiana trató el escándalo. Por esa razón, se establecen grandes diferencias para que no resulte más problemática de lo debido ni pueda sitiar a las jóvenes victimas. La primera gran diferencia que encontramos es la edad de las protagonistas, Chiara cuenta con 16 años y Ludovica con 17. Además, al centrarse en la historia desde el punto de vista de ambas, la red que se teje entorno a ellas queda desdibujada, por lo que no se le da más atención de la estrictamente necesaria.

La amistad entre Chiara y Ludovica se inicia en la escuela y se afianza cuando Ludo le presenta a Chiara al dueño de un club exclusivo llamado Saverio (Paolo Calabresi) y a su primo Fiore (Giuseppe Maggio). Ambas acaban cayendo en su trampa dado a la facilidad para conseguir dinero de manera rápida y la adrenalina que les genera el hecho de compartir un secreto “de mayores” que las une y aleja, al mismo tiempo, de la aburrida vida que viven sus compañeros de instituto. 

La primera temporada aborda el tema de una forma naíf, representa la satisfacción de sentirse superior, la complacencia de obtener la atención de los hombres, la ambición y el derroche inconsecuente. Conforme la segunda temporada va avanzando, la ingenuidad va desapareciendo y sus actos comienzan a tener consecuencias con un matiz más oscuro. Aparecen personajes que hacen peligrar su secreto y subsecuentes encuentros arriesgados. Como sucede en la historia real, la madre de Ludovica descubre el secreto de su hija pero acepta su dinero sin hacer preguntas para poder seguir llevando una vida acomodada. 

La temporada final se estrenó el pasado 16 de septiembre. Un final que lejos de ser perfecto es realista y honrado. El secreto de Chiara y Ludovica es rebelado y se descubre la que ha sido hasta la fecha su vida paralela. Durante la escena del juicio, la declaración de Chiara apunta a una culpabilidad conjunta. Admite que llegó a “engancharse” a ese modo de vida y acepta su incapacidad de desligarse del personaje que se ha creado, Emma. Pero pone el foco en la gente de su alrededor, en sus padres, sus profesores, su novio y sus amigos, quienes sabían que algo estaba sucediendo pero no le dieron mayor importancia. Por eso hace la siguiente pregunta: “¿Hasta qué punto somos responsables?”.

Si analizamos el papel de los protagonistas masculinos, Damiano (Riccardo Mandolini) y Niccolò (Lorenzo Zurzolo), su situación es muy distinta a la de las adolescentes. Ambos trabajan para los dos clubs responsables del escándalo. Damiano, en el Marge, como conductor y con un importante papel en la coacción hacia Natalia (Denise Capezza), una de las prostitutas que acaba declarando a favor de las dos chicas. Niccolò, en cambio, trabaja como relaciones publicas en el Toy Club, competencia del Marge, en el que también trabajan otras menores, entre ellas Sofía (Alessia Scriboni), quien consigue destapar todo el entramado. Ambos sabían que en sus respectivos clubs había menores implicadas, en cambio a ellos se les ofrece el papel de captador y protector del secreto que se esconde. No existe ningún acto de imposición hacia ellos. Encontramos aquí la manera como, desde bien jóvenes, se cosifica el cuerpo de las mujeres y pasa a ser meramente una mercancía.

El cast de Baby, Brando (Mirko Trovato), Fabio (Brando Pacitto), Damiano (Riccardo Mandolini), Niccolò (Lorenzo Zurzolo), Ludovica (Alice Pagani) y Chiara (Benedetta Porcaroli).

Aunque muchos puedan pensar que la serie intenta aportar un toque de glamour a la prostitución infantil, queda bien claro que la intención de esta última temporada es todo lo contrario.

La evolución de Ludovica es muy significativa y retrata fidedignamente cómo una adolescente es coaccionada a ejercer según que actividades y participar en ciertos actos. Fiore la seduce desde un principio, atrapándola en su red, posteriormente la intimida y amenaza, a través de un acosador, para que vuelva con él y finalmente es capaz de secuestrarla una vez ha comenzado la investigación. No es de extrañar entonces que su personalidad cambie radicalmente durante esta temporada, pasa de tener una marcada confianza en si misma a sentirse apocada y querer recuperar su niñez, como bien muestra la escena de la celebración de su 18º cumpleaños.

Simultaneamente, la forma en la que afecta todo este proceso a Chiara es distinta. Se resume en una perdida completa del rumbo de su vida. Aunque no es consciente de que la han manipulado y utilizado y piensa que no ha hecho nada malo, su vida gira en torno a guardar su secreto como manera de hacerse responsable de sus elecciones. Y aunque ella admite que ejerce la prostitución como mero divertimento, su abogada se lo deja bien claro: no deja de ser una menor y ningún hombre debería haber accedido a mantener relaciones con ella. Al fin y al cabo, son personas de poder usando a una adolescente. No se trata de nada más que de una forma de llamar la atención desesperadamente, por lo que utiliza su doble vida como medio de escape. Ambas aceptan que han perdido los últimos años de su adolescencia jugando a ser mayores y se hace notable en la forma que tienen de vestir y comportarse durante los últimos capítulos de la serie. 

Ludo y Chiara en la primera temporada de la serie italiana.

Más allá del tema central de Baby, las otras tramas que acontecen son muy reveladoras: cómo Brando (Mirko Trovato) utiliza a las mujeres, grabándolas y difundiendo sus videos sexuales con tal de aparentar su heterosexualidad frente a sus compañeros de instituto, la manera en que Virginia (Federica Lucaferri) manipula a Niccolò para que sigan juntos, el acoso al que someten a Fabio (Brando Pacitto) por ser homosexual en una generación que se declara “la más abierta y tolerante”… 

Finalmente, la serie conforma una critica de cómo están abordando la adolescencia y el proceso de madurez los jóvenes de la generación Z. Un despertar que se hace a través de las redes y la manera en que estas se utilizan para chantajear y acosar. Demuestra lo fácil que es manipular a una adolescente y hacerla sentir culpable por ello. 

Como hace Chiara, Baby intenta llamar la atención sobre problemas mucho más profundos con la premisa de contar el punto de vista de las víctimas de un escándalo real. Incluso explicando su propia historia, Chiara sabe que siempre la culparán a ella, por haberse metido donde no debía, cuando el foco debería señalar aquellos que se aprovecharon de las victimas y aquellas personas que atendieron a su reclamo, sin que nadie las detuviese.