Cada país tiene una historia desconocida, una crónica oscura enterrada con la pretensión de que el tiempo logre que desaparezca. Una biografía que no es relevante para sus estrategias comerciales o tácticas políticas. Solamente queda en el recuerdo de aquellos que la vivieron, personas que pasan desapercibidas y cuyos testimonios no interesan a las nuevas generaciones que únicamente enfocan su mirada en el futuro. 

No obstante, siempre existen personas que se dedican a recopilar dicha información para que no caiga en el olvido y que quede constancia de dónde venimos, con la intención de que aprendamos de nuestros errores. No tiene porqué tratarse de un ejercicio consciente, simplemente una acción instintiva con el objetivo de retratar la realidad que les rodea en un momento significativo de nuestra cronología. 

Sea como fuere, es nuestro deber alabar la labor de estos personajes que nos permiten acercarnos a nuestros orígenes y así, aportar una explicación que ilustre al mundo en el que vivimos. Hablamos de personajes como el fotógrafo Francisco Ontañón (Barcelona, 1930 – Madrid, 2008) a quién se le rinde homenaje en una exposición temporal en la sala madrileña Canal de Isabel II, titulada “Francisco Ontañón: Oficio y creación”. En ella recorreremos la trayectoria de uno de los mayores exponentes de la fotografía española del siglo XX. 

Su fotografía profesional coexiste en la retina de todos los españoles, gracias a  las portadas de artistas tan relevantes como Miguel Ríos, Rocío Jurado, Karina, Marisol, Raphael o Las Grecas entre muchos otros. Un trabajo que se hizo posible gracias a su alianza con las principales discográficas del momento como eran Hispavox o CBS. Un trabajo que aportó una oleada de modernidad a la música española, la cual mantenía hasta entonces una imagen anticuada. Fue el conductor hacia una nueva perspectiva y una frescura nunca vista con anterioridad en el género fotográfico. 

Portada del álbum Gipsy Rock de Las Grecas, fotografía y edición por Francisco Ontañón.

Pero antes de que llegase todo ese reconocimiento, su labor era la fotografía de autor, a la que bautizó como fotografía de utilidad. Durante sus primeros años en Barcelona formó parte de los grupos fotográficos más importantes de la época: AFAL y La Palangana. Poco después se trasladó a Madrid dónde trabajó como reportero en la agencia de noticias Europa Press, allí desarrolló un estilo muy personal, una fotografía espontánea y sin florituras, un lenguaje directo que representaba como era la vida en aquellos años.

Su obra se contrapone a lo largo de su trayectoria, diversas facetas que convergen en las más de 200 piezas expuestas y que pueden verse hasta el 3 de noviembre. 

En la exposición podemos contemplar sus cinco décadas de trabajo, un repaso que comienza en la fotografía individual hasta llegar a la colectiva. Desde las situaciones y personajes más célebres, como por ejemplo el reportaje sobre la visita a España de la icónica Marlene Dietrich, pasando por la aristocracia con el compromiso de Juan Carlos y Sofía. Llegamos a los retratos de los más pobres y desamparados, vidas humildes contra vidas deslumbrantes. Una representación de sus orígenes de los que no quiso desprenderse para ofrecer al mundo la realidad de la posguerra, una España que las nuevas generaciones desconocen. 

Según  las palabras del comisario de esta exposición, Alberto Martín, su mirada era  “cruda pero también tierna”. Captaba rigurosamente aquellas escenas que constituían su vida diaria. Su obra no procura retratar algo romantizándolo pero tampoco exagerando el sufrimiento. 

Fotografía por Francisco Ontañón.

Su fotografía es pura ironía y empatía, realismo y compromiso con las circunstancias que le rodeaban, aunque no resultaran agradables. Tiene dos vertientes: la universal y la personal pero en ambas se aprecia esa mirada tan especial del autor. Retrataba la complejidad del mundo, sus diversos ángulos y los extremos que la componen. Y es que su obra es lo que ahora conocemos con el anglicismo street photography: la crudeza de la calle, la fotografía al natural, lo que capta el ojo de manera objetiva y sensata, sin ningún filtro. Tampoco sigue los parámetros ortodoxos en los que fijamos cómo debe ser una fotografía, sus obras suelen tender a la oscuridad e incluso a veces resultan borrosas, pero la fotografía desprende esa honestidad que tanto indagaba.

“Han pasado varios años desde que descubrí la fotografía, hoy ya es para mí una necesidad fisiológica. Era lo que pretendía; me costó mucho probarme a mí mismo que era un camino abierto, con un horizonte indefinido y sin estas condiciones seguramente habría abandonado. Con mi trabajo he descubierto todo lo que yo imaginaba existía en el mundo y poco a poco he ido penetrando en la vida y en sus cosas”.

Francisco Ontañon.

Otra de sus facetas fue captar la naturaleza, publicando un libro de caza junto a Félix Rodríguez de la Fuente y Miguel Delibes, un ejemplar dedicado a  las Olimpiadas de Barcelona y otro tomo  sobre el turismo en la misma ciudad. Todas estas obras discordantes entre si aluden a una simpatía por el mundo, una mirada abierta y extensa sobre la vida mundana, sin ningún tipo de pretensión. Esa misma contraposición es la que hace que al captar las miradas de las grandes estrellas las torne compasivas y humanas.

Francisco Ontañón logró captar la belleza en los momentos más crudos de la posguerra.

La muestra finaliza con la proyección de un vídeo exclusivo de la exposición, en él se concentran varias entrevistas de personajes conocidos que tuvieron relación con el fotógrafo como Miguel Ríos o Karina, entre otros. Una de las declaraciones, protagonizada por la cantante, refleja a la perfección la identidad del artista: “Él quería salir al exterior, a la naturaleza. No le importaba fotografiar bajo cuarenta grados al Sol o en la nieve, buscaba captar la pureza de la realidad”.

El valor económico de sus obras está regido por el valor social de cada una de ellas, sus instantáneas han marcado la historia cultural de nuestro país. No solo retrató las miserias que se vivieron tras la Guerra Civil, sino que formó parte de la revolución juvenil que imperó a finales de los años 60 y principios de los 70, trayendo nuevos aires e inspirando a millones de personas que demandaban un cambio en la sociedad de la época. Aportó las claves para crear una nueva visión y continuó rindiendo homenaje a su país durante el resto de su carrera profesional. 

Words Adriana Barreno.

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