Si hablamos de iconos que han marcado la moda no podemos centrarnos solo en personajes relacionados con ella y sus múltiples facetas. Durante la historia, los verdaderos referentes han sido personas polifacéticas, empleadas en distintas áreas como el cine, la música o el arte. Todas estas disciplinas están relacionadas entre si y aportan un balance mutuo. 

La palabra icono se puede definir como:“persona que se ha convertido en símbolo o representante de algo”. Puede pertenecer a una sola época o abarcar más de una, representando un estilo o creando el suyo propio pero convirtiéndolo, como dice la definición, en un símbolo que todos somos capaces de relacionar con esa persona en concreto. 

Si nos remontamos a la historia de la moda, cada época ha tenido su elemento identificador. Por ejemplo, comenzando por el siglo XX, los locos años 20 y la democratización del pantalón gracias a Chanel, los años 50 con el New Look de Dior o los 60 con la aparición de la minifalda. Si navegamos por esta vertiginosa historia, llegamos a los años 70 donde los hippies toman el control y “casi” todo está permitido. Es la época de la revolución, tanto estilística como política, siendo el gran desencadenante para nuestro modelo de vida actual. 

Muchos fueron los precursores de este movimiento (modistas, músicos, pensadores, pintores…) que se empezó a introducir en los años 60. Pero algunos han dejado una enorme huella en el recuerdo de todos: hablamos de la figura de David Bowie.

Carismático y camaleónico, fue un artista en todos los sentidos de la palabra, no solo en música si no como un autentico icono, lo que hoy llamaríamos un it boy. Entendió que la moda era una carta más de presentación y que transmitía tanto o más que la música. Nacido en 1947, su explosión adolescente recayó en pleno apogeo de la psicodelia, el punk y la liberación, algo que influenció en gran medida en su androginia y aspecto personal, el cual ha sido un gran referente para tantos artistas que le sucederían.

Al comienzo de su carrera, comenzó con un estilo totalmente inglés, de trajes chaqueta con estampados príncipe de gales, camisas y chalecos de punto,  luciendo una media melena despeinada, el estilo de los jóvenes de la época. Posteriormente, debido a su creciente interés por el teatro y a su trabajo como mimo, descubrió que si quería llamar la atención del público su estilo debía ser mucho más llamativo.

Bowie frente a la casa que compartía con su mujer Angie.

A principio de los años 70, dejó crecer su melena y utilizaba con frecuencia  vestidos de mujer, lo cuál le permitió ser entrevistado por la BBC al ser miembro fundador de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Hombres de Pelo Largo. Ahí encontró un colectivo al que llamar la atención, la gente que se sentía diferente y no entraba en los cánones de la sociedad, por lo que cortó su melena y se tiño de pelirrojo, naciendo así su personaje más emblemático: Ziggy Stardust. 

Ziggy Stardust vestido de Yamamoto.

Fueron los años de su gran despertar, cuando apareció en Top of The Pops fue un hito para todos los jóvenes que se sentían disgregados de la sociedad. Ataviado con un mono de colores muy vivos y unas botas de vinilo rojas cambió la concepción de lo que era ser una estrella de rock. Era más que música, era toda una performance. Como Ziggy nos dejó un gran legado: su pelo rojizo, su maquillaje extravagante, sus modelitos extremos… Era algo nunca visto y menos aún en un hombre.

Siempre reinventándose, en plena fiebre disco de los años 80, dejó de lado todo lo excéntrico y se convirtió en la sobriedad en persona con su figura  de el “Delgado Duque Blanco” vistiendo tan solo discretos trajes sin ningún tipo de abalorio más allá de un pañuelo o sombrero de fieltro, además de volver a su rubio natural. Una imagen muy sobria que no encajaba con los colores estridentes que llevaban las estrellas de la época, pero en eso mismo residía su magia, en que nunca quiso encajar ni complacer a nadie. Él ya había disfrutado de la explosión de color y los trajes imposibles como el famoso mono bicolor de piernas ultra anchas del diseñador japonés Kansai Yamamoto, su diseñador predilecto, y sus maquillajes extremos como el famoso rayo que tanto le caracteriza aún hoy en día que fue la portada de su sexto album: Aladdin Sane . 

Selección para la portada de Aladdin Sane.

Los años 80 fueron su etapa más prolífica con duetos con sus coetáneos, Iggy Pop, Queen, Tina Turner o Mick Jagger. Y no solo la música, si no que el cine también se rindió a sus pies con papeles tan icónicos como su personaje principal en The Man Who Fell To Earth, un estilo que aun sigue totalmente en vogue y que no pasa nunca de moda, o el famoso cardado que lucia en el largometraje fantástico Labrynth interpretando al malvado Goblin’s King. Su última aparición seria en la pequeña pantalla, interpretando al agente Phillip Jeffries en la serie Twin Peaks de David Lynch.

Riccardo Tisci, Jean Paul Gaultier, Vivienne Westwood, Margiela e incluso Vans, entre incontables diseñadores, se han inspirado en su imagen para la creación de sus colecciones. Incluso muchos artistas siguen su estela y calcan muchos de sus looks para sus actuaciones o apariciones en la alfombra roja. 

Bowie por Steven Schapiro. 

Además, el museo Victoria & Albert le dedicó una exposición itinerante titulada Bowie is, que pasó por nuestro país instalándose en Barcelona hace un par de años, en la que se podían apreciar todos los conjuntos que le catapultaron a la fama e incluso anotaciones de cómo imaginaba las piezas y la respuesta de los diseñadores, como el gran Alexander McQueen, quién confeccionó el estilismo de su aclamada actuación en los VH1 Fashion Awards del año 1996, la famosa Union Jacket. 

Según Bowie, a él no le interesaba la moda, pero a la moda sí que le interesaba Bowie. Contaba que sus drásticos cambios de look se debían a que proyectaba su música más allá del sonido, es decir, a través de su persona. Quizás ese sea el secreto para ser un eterno icono. 

Words Adriana Barreno