Ya sea por el confinamiento o por las inaguantables ganas de saber cómo concluirá su trama, la serie española Élite ha batido todos los records, llegando a colapsar la plataforma Netflix durante más de una hora tras el estreno de su tercera temporada. 

Y es que vivimos en la era de lo efímero, una temporada puede aguantar un fin de semana en nuestras manos antes de desvanecerse. Acto promovido por la proliferación de spoilers en las redes y la presión ejercida por las plataformas para  saciar nuestras ansias ofreciendo escasos segundos antes de continuar automáticamente con el visionado. 

Personalmente, Élite entraría en el grupo de “series con historias banales y repetitivas que no podemos dejar de ver”. Adolescentes adinerados contra clase obrera en un instituto con uniformes escolares hipersexualizados dentro de una esfera repleta de odio, envidias, deseo y desesperanza. 

Lo que hace distinta a esta serie es que anteriormente una producción nacional pocas veces podía extender su fama más allá de las fronteras de su país de origen. Actualmente, gracias a las plataformas digitales, las series ya son creadas con una visión global en mente. Podríamos decir que La Casa de Papel sería la hermana mayor en cuanto a repercusión, pero su fama fue tardía, con dos temporadas ya expuestas con anterioridad en una cadena privada española que, debido a su gran reconocimiento, cedió sus derechos a terceros. Por lo tanto, Élite podría considerarse la gran conquistadora ya que fue concebida íntegramente para su internacionalización. 

La primera temporada de una serie siempre es la más naïf y no es hasta la segunda entrega (después de analizar las audiencias) cuando su producción da un salto y se afianza mucho más. Los personajes toman carácter, tanto por parte de sus actores como de los guionistas, las tramas se oscurecen y sobretodo, la serie tiene una maduración. En este caso, la tercera temporada nos ha sorprendido aún más si cabe. Esta última entrega ha sido un salto de la adolescencia a la edad adulta. Y no solamente de los personajes, las historias se han extendido, son mucho más sinceras e incluso verosímiles. 

A partir de aquí el artículo será un sin fin de spoilers, quedáis avisados. 

No nos podemos olvidar del eje central: el asesinato de Marina Nunier, pero su caso ya ha quedado en un segundo plano. La tercera temporada comienza en el punto álgido de la serie, los alumnos de Las Encinas ya saben quién es el asesino, por lo tanto la vida de todos ellos va a cambiar quieran o no. Empezando por el propio Polo, quien en la segunda temporada trata de evitar a toda costa que su secreto salga a la luz con la ayuda de Carla y del mutismo de su mejor amigo Ander. En esta entrega ya nadie está dispuesto a seguir callando por lo que será un golpe de realidad y deberá asimilar y afrontar su condena, ya sea carcelaria o social. 

Sus cómplices, Carla y Ander, también pasarán por un período de repudio que, en el caso de Ander se intensificará al detectarle leucemia y al enfrentarse a las múltiples infidelidades de su pareja Omar. Por el contrario, Carla sentirá la presión ejercida por su padre que la empujará a una situación de prostitución con el fin de salvar sus bodegas. Sufrirá una total pérdida de control al consumir estupefacientes para poder sobrellevar las prácticas a las que se ve obligada por su familia. 

Por el contrario, encontramos a Guzmán y Samuel, ambos han perdido a las personas que quieren por culpa de terceras personas y deben asumir que el futuro no será como habían imaginado. Guzmán deberá enfrentarse al hecho de que su mejor amigo mató a su hermana y que Ander le mintió sobre ello. Su problema siempre ha sido confiar sin una seguridad y justificar a los demás, cosa que tendrá que cambiar e intentar que las decisiones ajenas no ejerzan tanto poder sobre él, como por ejemplo aceptar el hecho de que Nadia y Lu se unan para luchar por la beca concedida por las madres de Polo como acto para lavar su imagen. 

Samuel, en cambio, se afrontará la solitud cuando su madre se reúna con su hermano fugado en Marruecos. Durante el transcurso de la temporada, descubrirá que ser bueno y respetar a la autoridad nunca le llevará a buen puerto por lo que decide tomarse la justicia por su cuenta aunque deba pisotear a Rebeca y arrebatarle todo lo que tiene. Además, es la única persona que siente la misma rabia y tormento que Guzmán por la muerte de Marina, esto será un hilo conductor que les acabe uniendo para forjar una amistad inesperada. 

Por último, la trama más comentada es la de Lu, la Blair Waldorf de Las Encinas, quien será desterrada por su familia tras el chivatazo de Valerio sobre su relación. En esta temporada, Lucrecia se da cuenta de que todo lo que ha tenido hasta ahora se ha esfumado: dinero, relaciones, amistades y que esta completamente sola ante su futuro. Su actitud es la que más cambia durante este trimestre, pronto aceptará la ayuda de Nadia y verá a Guzmán como lo que siempre ha sido, un buen amigo. Aunque su mayor reto vendrá al final de la temporada, cuando toda su rabia acumulada aparecerá en el peor momento atacando a Polo e hiriéndole de muerte. Todos se unirán para protegerla, porque la victima ha estado jugando inconscientemente con todos sus compañeros y cada uno tenía una razón para que este desapareciera de sus vidas y así por fin poder pasar pagina. 

Todos los alumnos se enfrentan a su pasado, a las acciones que les han llevado hasta el punto en el que se encuentran, ya sea por una mala decisión o un acto malintencionado. El poder que tienen las series es que podemos evadirnos de nuestros propios problemas y juzgar las acciones de los demás, dando lecciones morales frente a un televisor de “yo nunca hubiese actuado así” o “no debería haber hecho eso”. Lo que deberíamos aprender es que estos momentos de desconexión realmente nos deberían ayudar a empalizar, comprender que uno no siempre puede hacer lo que quiere o lo que debería. 

La fuerza de Élite reside en su fácil asimilación, la representación de varios colectivos y el crecimiento de sus personajes. Es una lección de que todas las personas sentimos lo mismo sin importar la procedencia o la clase social. Nos enseña a no juzgar por las características de una persona a simple vista ya que puede ser que encontremos un tipo de fidelidad y comprensión que no hallaríamos en el círculo que nos las debería proporcionar. 

Words Adriana Barreno.