El anuncio de las películas candidatas al Oscar de este año no está exento de polémica, se suceden las críticas por la designación de ciertas películas frente a otras que han quedado en el olvido para el jurado. 

No solo hablamos de la falta de representación de films como The Lighthouse con las brillantes actuaciones del sorprendente dúo Robert Pattinson y Williem Dafoe o la costumbrista The Farewell, muy aclamada por el público. Todo sin olvidarnos de la ausencia de los films de terror Midsommar y Us, que pueden gozar de un guión más o menos contundente pero muestran gran calidad en las actuaciones de Florence Pugh y Lupita Nyong’o respectivamente, además de un vestuario y diseño de producción asombrosos. 

Pero la verdadera discusión se centra en el galardón a Mejor Director en la que compiten 5 películas: Sam Mendes por 1917, Tarantino por Once Upon a Time… in Hollywood, Todd Phillips por Joker, Scorsese por Irishman y por último, Bong Joon-ho por Parasite. La pregunta es: ¿por qué la Academia no valora a las directoras?

Cynthia Erivo y Janelle Monáe en Harriet de Kasie Lemmons.

Desde su primera edición en 1929 solo han optado al codiciado galardón 5 mujeres, por eso no nos resulta nada sorprendente que este año no encontremos a ninguna pero no significa que debamos pasar por alto este hecho. La primera y única ganadora en estas 90 ediciones fue Katheryn Bigelow en 2010 por The Hurt Locker, lo que hacía presagiar un buen comienzo de década para las mujeres cineastas aunque parece que tal hazaña que no se va a repetir pronto. Las otras 4 nominadas fueron: 

Lina Wertmüller por Pasqualino Settebellezze en 1977, Jane Campion por The Piano en 1994, Sofia Coppola por Lost in Translation en 2004 y Greta Gerwig por Lady Bird en 2018. 

Adèle Haenel en Portrait of a Lady on Fire de Céline Sciamma.

No obstante, este año ha sido esperanzador en cuanto a creación femenina debido a la abundancia de mujeres tras la cámara. Algunas han resultado ser grandes recaudadoras como The Farewell de Lulu Wang, que contó con una gran representación en los Globos de Oro llevándose una estatuilla a Mejor Actriz de Comedia o Musical, la atrevida y desvergonzada Hustlers de Lorene Scafaria o la aclamada reinterpretación del clásico Little Women, que a pesar de no reconocer a su directora Greta Gerwig, sí está nominada a 6 estatuillas: Mejor Película, Mejor Guión Adaptado, Mejor Actriz y Mejor Actriz de Reparto entre otras, lo que nos hace pensar que quizás se trata de la primera película en dirigirse sola. 

Otras películas nominadas son: Harriet de Kasi Lemmons, nominada a Mejor Canción Original por Stand Up y a Mejor Actriz por la actuación de Cynthia Erivo. Honeyland de Tamara Kotevska nominada a Mejor Película Internacional. La película documental For Sama dirigida por Waad Al-Kateab y los cortometrajes Walk Run Cha-Cha de Laura Nix, A Beautiful Day in the Neighborhood de Marielle Heller y A Sister de Delphine Girard. 

Los largometrajes Queen & Slim de Melina Matsoukas, la comedia de Olivia Wilde Booksmart y la coronada por la crítica Portrait of a Lady on Fire de Céline Sciamma quedan fuera de la competición.

Awkwafina, ganadora del Globo de Oro a mejor actriz de comedia o musical por The Farewell (Lulu Wang) junto al resto del cast.

Es por todos conocido que numerosos cineastas que han marcado la historia del cine nunca obtuvieron dicho reconocimiento, lo que nos hace cuestionarnos por qué el sistema no atiende a las demandas del público, por qué los espectadores y el jurado difieren tanto entre lo que quieren premiar unos y lo que se acaba premiando otros. Hemos tenido que llegar a 2020 para que por primera vez una película asiática, con subtítulos, compita simultáneamente en las categorías Mejor Película y Mejor Película Internacional, pero eso no simboliza un valor sustituyente para no nominar a otros sectores minoritarios en la escena Hollywoodiense. 

Es cierto que percibimos una fuerte representación de mujeres si comparamos la carrera hacia la estatuilla con años anteriores pero sigue siendo insuficiente e injustamente relegada. Esto no quiere decir que los nominados no merezcan su puesto, tampoco quiere decir que solamente por el hecho de ser mujer deban estar ahí o que se deba premiar a una película únicamente por su diversidad (algo que ya hemos visto con anterioridad y no ha funcionado). La raíz del problema simplemente es que a las minorías siempre se les ha exigido mucho ofreciendo muy poco, entendemos entonces que las mujeres nominadas se concentren en la categoría a Mejor Cortometraje y que sean cinco hombres quienes compitan a mejor director al comparar el presupuesto y las oportunidades que reciben unas y otras. 

Daniel Kaluuya junto a Jodie Turner-Smith en Queen & Slim dirigida por Melina Matsoukas.

Stephen King, uno de los miembros del jurado no anónimo, sentenció hace pocos días en Twitter: “Nunca consideraría la diversidad en términos artísticos. Solo calidad. Si no lo hiciera así estaría mal”. Múltiples respuestas llegaron en cuestión de segundos, entre ellas la escritora Roxane Gay quién respondió contundentemente: 

“Implica que la diversidad y la calidad no pueden ser sinónimos. No son cosas separadas, la calidad está en todo, pero la mayoría de las industrias sólo creen en la calidad de un grupo demográfico”. A lo que la actriz británica Cynthia Erivo añadió: “Me gustaría pensar que soy parte del mundo de la diversidad. Siento que este año tuvimos un frenesí de piezas hermosas de gente que es de una naturaleza diversa, mujeres negras, mujeres en general”.

Por lo tanto, no considerar la diversidad como parte del propio arte simplemente es negar la realidad del mundo y muestra una completa y patológica falta de empatía por aquello que no concierne desde una situación de poder. Es decir, el negacionismo solo nos convierte en ignorantes.

Emma Watson, Saorsie Ronan y Florence Pugh (sin Eliza Scanlen) interpretando a las hermanas March en Little Women de Greta Gerwig.

Words Adriana Barreno