EXPLORANDO LA VULNERABILIDAD HUMANA: A VECES SANGRO DE ADRIÁN ARANDA

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Adrián Aranda lanza A veces sangro, un EP que nada a contracorriente de la música actual. Con una producción intimista y letras confesionales, el disco recorre la fragilidad humana, la indecisión y la esperanza, convirtiéndose en un viaje emocionalmente intenso.

El verano suele llegar cargado de canciones pensadas para sonar en terrazas y playas: un rollo ligero, tranquilo, sin demasiadas pretensiones. Sonidos fáciles de digerir, cómodos, pero con poca sustancia. En medio de ese ruido estival aparece Adrián Aranda (Barcelona, 1992) con A veces sangro, un EP publicado el pasado 11 de julio que nada a contracorriente. Aquí no hay escapismo fácil ni ritmos vacíos: lo que encontramos es un ejercicio de honestidad brutal, un viaje hacia la vulnerabilidad humana y las emociones más crudas. Un trabajo íntimo que nos cobija en la sombra bajo un sol abrasador.

Adrián Aranda fotografiado por Brian Ramirez.

Desde el inicio queda claro que la apuesta es irreverente. La producción, elegante pero nada minimalista, coloca la voz y la palabra en primer plano. Convirtiendo las heridas en el núcleo del discurso, y por eso cada canción respira como una confesión íntima.

El tema homónimo, «A veces sangro», condensa esa propuesta: un retrato de la fragilidad humana, un reconocimiento del dolor como mecanismo de avance. La metáfora de la sangre funciona como hilo conductor para todo el EP, marcando un tono introspectivo que atraviesa las cinco piezas con coherencia y valentía. La voz de Aranda sostiene el peso emocional y convierte cada palabra en un espejo en el que el oyente se ve reflejado, quiera o no.

Tras un inicio expuesto y sin reservas, llegan unas figuritas inocentes que se revelan como una metáfora de la infancia perdida y del espejismo de un mundo perfecto. En «Sonny Angels», Aranda, junto a Paula Simón, despliega un imaginario donde la nostalgia se transforma en desencanto. Lo crudo de la letra se equilibra con un arropo musical que suaviza la caída, convirtiéndola en uno de los momentos más luminosos y, al mismo tiempo, sin perder la sinceridad de la que se caracteriza el EP.

El recorrido continúa con «Cero decisión», donde lo infantil queda atrás, pero permanece la incapacidad de dar un paso adelante hacia la adultez. La parálisis emocional se convierte en protagonista, atrapando al oyente en un presente que se congela y se repite.

Tras ello, llega la confesión más descarnada, el peso de los errores y la autocompasión que se condensan en «Todo lo fallado». Una liberación dolorosa pero necesaria, que abre espacio a la catarsis. Es, quizá, la herida más abierta de todo el disco.

Es entonces cuando se nos ofrece un respiro, un tránsito disfrazado de interludio, «aurora 1956/interludio». Un recuerdo que evoca con crudeza la verdadera esencia de la vida. En la que Adrián nos permite disfrutar de un momento íntimo y personal, que nos deja una sabiduría preciosa, destinada a perdurar en el tiempo.

El viaje concluye con la mirada dirigida hacia arriba, un resquicio de luz que se abre paso en medio de la oscuridad. «Tragaluz» se erige como un himno a la esperanza, donde la voz se desnuda en su vulnerabilidad y la producción acompaña con una delicadeza casi invisible. Es la claridad después del desgarro, la calma tras la tormenta. Una caricia que nos deja con el corazón encogido, pero con la ilusión de una nueva perspectiva sobre nuestro pasado y todo lo que aún nos queda por vivir.

Crudeza y delicadeza en equilibrio

Esta producción intimista y efectiva juega con texturas sutiles y distintos géneros sin distraer del núcleo emocional, lo que hace que el recorrido del EP sea cohesivo y satisfactorio. Avanza de la inocencia a la resignación, de la herida a la búsqueda de la luz, construyendo una narrativa clara y orgánica que se apoya en una poesía confesional sobre lo cotidiano para hablar de lo universal.

Es un trabajo honesto en su crudeza, pero delicado en su forma. Un viaje breve pero intenso que revela una de las propuestas más frescas y arriesgadas que hemos escuchado en mucho tiempo.

Words Adriana Barreno